“…De allí la necesidad de una respuesta contundente, ciudadana y también mundial. De allí la necesidad de enfrentar este enorme poder: millones de personas unidas poniendo límites a la economía y poniéndola al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de la economía. Esa idea toma fuerza en los procesos constituyentes…” 24 de junio de 2012, Ciudad de México.

CONCLUSIONES GENERALES

1er CONGRESO INTERNACIONAL:

ASAMBLEA CONSTITUYENTE, UNA VÍA PARA ENFRENTAR LA CRISIS MUNDIAL

“Es interesante ver como este Congreso ocurre en un momento en que en el mundo presenta tantos problemas. La destitución reciente del presidente del Paraguay, a través de un golpe, la crisis en España y en Grecia, entre muchos otros problemas.

En medio de todo esto vemos que el mundo y millones de personas sufren sin saber qué hacer. Los medios dicen que hay que rescatar a los bancos y seguir las recetas del Fondo Monetario Internacional, que se basan en recortes cada vez más brutales de todo el bienestar social.

Muchos políticos venden a su patria y son agentes de esos poderes trasnacionales, además el planeta está siendo destruido sin consideración alguna. Lo vemos en cómo arrasan con las riquezas naturales. En el caso chileno como arrasan con los glaciares, con las montañas, con los bosques, con las aguas y así se repite en todo el resto del mundo.

En este estado de las cosas surge la necesidad de una respuesta. El infinito egoísmo parece no tener límite alguno, es por eso que una de las respuestas de este congreso, es tomar estas ideas que han traído progreso en otros tiempos “el poder reside en el pueblo”. El pueblo es el soberano y como tal tiene el poder para poner freno a todo lo que vulnera sus derechos más elementales. Ese poder se expresa en un proceso constituyente, que a su vez toma forma en leyes y en constituciones. La primera idea fuerza que hemos concluido es que el poder reside en el pueblo y éste al reconocerse y luego ejercerse forma leyes desde el pueblo y forma las constituciones mediante un proceso constituyente.

Esa idea ya ha ido tomando fuerza y ha tomando forma en varios países en especial en nuestra América: Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros países como Islandia, son casos recientes que dan prueba de este poder ciudadano que se transforma en constituciones. Son ejemplos de cómo pueblos cansados de tanto malestar y continuos abusos de la clase gobernante emprendieron profundas transformaciones. Han demostrado como SI es posible que ese poder soberano del pueblo se enfrente a los capitales extranjeros y saque del poder a los que venden al país a cambio de riquezas y bienestar personal.

La idea de presentarlo como un Congreso Internacional tiene su razón y es porque ese poder económico actúa y tiene fuerza a nivel mundial, no es algo propio de un país en particular, es un problema que nos aqueja a todos los países del mundo, un problema común.

De allí la necesidad de una respuesta contundente, ciudadana y también mundial. De allí la necesidad de enfrentar este enorme poder: millones de personas unidas poniendo límites a la economía y poniéndola al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio de la economía. Esa idea toma fuerza en los procesos constituyentes.

Como todo proceso humano lógicamente no es perfecto, porque está hecho por personas. Debe revisarse, mejorarse y adaptarse constantemente. En especial debemos ver los errores que se cometen para mejorar las futuras experiencias. Lo más importante de hacer estos procesos constituyentes es que los ciudadanos experimenten realmente que de verdad tienen el poder. Luego de haberlo experimentado, es mucho más difícil que se lo vuelvan a quitar, porque participaron, porque ellos construyeron su República, su país, su Estado.

En los países en los que se logró, ahora hay que trabajar. Hay que trabajar para que funcione, hay que defender en los países en que ya se han realizado los procesos constituyentes el hecho de aplicar lo que se ha constitucionalizado. Como ocurre hoy en Venezuela, donde se logró consolidar la repartición de las tierras de manera pacífica, ahora corresponde hacerlas producir. Es decir, si los pueblos generan Constituciones lo importante después será que se apliquen. Corresponde ir aplicando lo que logren los países y los pueblos en sus constituciones. No podemos pensar que podemos estar sentados esperando nuevas leyes, porque una ley por sí sola no va a sembrar los campos. De todas formas sin esos profundos cambios a nivel constitucional, no se podría siquiera tener una esperanza de cambio, ni se podría quitar de las garras de los intereses externos las materias primas de los países ni los recursos naturales que hoy están, en la mayoría de los países, en manos de intereses foráneos.

Queda aquí el compromiso total de empezar la búsqueda de cómo hacer para que estas ideas se puedan expandir lo más posible de manera sencilla y fácil de comprender para todos los ciudadanos de los distintos países del mundo”



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