Davor Harasic Yaksic, Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile postula necesidad de una Asamblea Constituyente. Publicado en EL MERCURIO, Lunes 10 de agosto de 2015 ¡Una nueva Constitución!

Hay quienes no creen en la necesidad de una nueva Constitución, fundándose en que la actual ha resultado eficaz, como lo demostrarían las reformas que se han podido hacer estos últimos años. Por otro lado, hay quienes afirman la necesidad de la tabula rasa: comenzar con un papel en blanco y formar una nueva Constitución que se construya con la voluntad de todos.

El Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para Chile es claro: 75% demanda cambios profundos en distintos ámbitos; 66% demanda cambios en la Constitución Política, y 61% señala que hay que actuar rápido.

Debemos hacernos cargo de estas demandas con miras a restablecer la paz social y generar el buen ambiente indispensable para el desarrollo.

Día a día palpamos hechos que denuncian una desconfianza en nuestras instituciones que las deslegitima, redundando en una pérdida de interés en la participación de la vida política.

¿Cómo haremos para canalizar estas demandas? ¿Cómo lograremos legitimar nuestras instituciones?

La única manera es mediante un debate libre e informado, colaborativo, con respeto por las ideas contrarias, en un diálogo con libertad de espíritu, participativo y, por sobre todo, representativo de los más diversos puntos de vista que hoy día identifican a nuestros conciudadanos.

La Constitución define nuestra identidad ciudadana y la forma política para desarrollarla. Sin una Constitución legítima, que nos represente genuinamente a los chilenos, no hay compromiso ciudadano con las normas subordinadas.

¿Vamos a continuar con la desconfianza, tensión y rabia que se palpa en el ambiente? ¿Cómo legitimaremos nuestras instituciones? Con una nueva Constitución.

Es evidente que si criticamos la legitimidad de la actual Constitución, tenemos que dotar a la nueva de una legitimidad, idealmente, incuestionable, pero ¿cuál es la forma de hacer esto?

Es precisamente por ese contenido material por el cual relevamos la importancia de la forma en que se lleve a cabo este proceso constituyente, ya que la discusión por la forma no es otra que quién determinará el fondo. Es que, en rigor, no hay una dicotomía esencial en la materia, pues la discusión por las formas define quiénes determinarán los contenidos. En otras palabras, forma y contenido son, filosóficamente, distintos momentos de un continuo. De este modo, si no logramos que el proceso constituyente sea participativo y democrático, el contenido de la nueva Constitución será ilegítimo y muy poco representativo.

Es por esto que la forma de lograr una efectiva participación es a través de una asamblea constituyente, a la que hay que dar forma y en donde todos tengamos voz.

Deberemos escuchar a expertos que debatirán acerca de las cuestiones fundamentales que deben tenerse en cuenta a la hora de fijar el contenido de la nueva Constitución: la probidad, la dignidad humana, el derecho a la educación y libertad de enseñanza, el derecho de propiedad, el derecho de los pueblos originarios, entre otros. Pero debemos ser los chilenos quienes decidamos.

Es necesario que la nueva Constitución asiente los derechos fundamentales indispensables para generar instituciones acordes con la realidad nacional. En el proceso de crear una nueva Constitución es imprescindible la discusión sobre los derechos fundamentales, no con miras a hacer un nuevo catálogo sustituto, sino con el objetivo de determinar la forma en que será garantizado el ejercicio de los mismos. Para que el derecho a la igualdad, por ejemplo, pueda hacerse efectivo para todos los chilenos, reconociendo que nuestro país es multicultural y se compone, entre otros, de hombres, mujeres, inmigrantes y originarios.

Davor Harasic Yaksic



comments powered by Disqus